La Unidad de Fomento nació en 1967 para proteger el valor del dinero frente a la inflación y facilitar los créditos de largo plazo. Cumple ese propósito, pero deja una pregunta dando vueltas: ¿por qué reajustamos tantas obligaciones y no protegemos de igual manera el poder adquisitivo de quienes viven de su trabajo?
La idea de pagar los salarios en UF merece una discusión seria. No se trata de hacer magia con los números, sino de evitar que el alza del costo de la vida termine comiéndose el sueldo antes de llegar a fin de mes.
Claro, hay un riesgo que sería irresponsable ignorar: si las remuneraciones suben automáticamente, algunas empresas podrían traspasar esos mayores costos a los precios. Y eso, al final, también lo pagaría la gente. Por eso, cualquier cambio debe cuidar el empleo, a las pequeñas empresas y el bolsillo de los consumidores.
Pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. Hay alternativas, como estudiar reajustes vinculados al IPC, con reglas claras y especial protección para quienes ganan menos.
Porque no es justo que una familia vea crecer sus cuentas mientras su sueldo pierde fuerza. Trabajar toda la vida debería permitir vivir con dignidad, no hacer malabares cada fin de mes.
Si la UF protege el valor de lo que debemos, Chile también debe discutir cómo proteger el valor de nuestro trabajo.
Ricardo Rodríguez Rivas
Analista Político
Magíster en Gobierno y Gestión Pública


